Hacia Mi Primer Cortometraje

Por Héctor A. Alcázar

Todo inicia con un deseo: contar historias. Luego, ese deseo se vuelve un objetivo: transmitir algo a través de las historias.

Desde pequeño me gusta el arte, pero por mucho tiempo no tuve un objetivo claro y una visión de lo que se puede lograr con el arte; simplemente era un hobbie, algo para pasar el rato y echar relajo con mi hermana y primos. Mi primer contacto con las artes audiovisuales fue a los cinco años, mis padres eran directores de una obra de teatro, «El Juguetero». Fue mi primer papel como actor en algo grande, pues se presentó en el teatro de la ciudad donde vivíamos. Era un juguete y tenía una coreografía que me tomé muy en serio. Desde entonces me gusta la actuación.

Después, en tercero de primaria, encontré un gusto por la escritura: contar historias. Desde niño, me di cuenta que las palabras sobre el papel son una forma de tener voz y esa voz puede causar algo en las personas. Entonces, quise más de esa satisfacción al ver cómo las personas reaccionaban a lo que ponía sobre el papel. Ese gusto fue creciendo hasta ser pasión y esa pasión se volvió un deseo. Cada vez que agarraba el lápiz y escribía un cuento, todo una película ocurría en mi imaginación.

El cine siempre lo vi como algo lejano a mí. Me parecía algo muy difícil de realizar, con todos sus efectos y «cosas raras» que tenía. ¡Parecían reales, pero eran falsas! Fue a los 8 años, en un viaje a Universal Studios en Los Angeles, California, en que tuve mi primer acercamiento a los escenarios y efectos especiales que se ponían en las películas. Mi pequeña mente pensó, «¡Ah! Entonces así lo hacen.» El mundo del cine se acercó a mis posibilidades y mi fe para entrar en él creció. Pero aún era un niño y seguí disfrutando la vida de niño.

Fue hasta los 17 años, con el iPad de mis primos y la aplicación de iMovie en que me empecé a adentrar más en el mundo de hacer videos, editarlos y plasmar historias con una cámara. Sin embargo, como mencioné, solo era para divertirnos y huir del aburrimiento. La mayoría de los videos eran cortos y casi siempre eran payasadas. Yo creo que casi todo lo bueno en el arte inicia cuando realmente lo disfrutas y te diviertes haciéndolo. En esos ratos con mis primos, sentí como un mundo se abría sobre mis manos, toda una puerta hacia infinitas posibilidades de creatividad.

Juntos, empezamos a planear un cortometraje. No teníamos guión ni nada, sólo la idea de la historia, el iPad y el placer de pasar tiempo juntos. Era sobre tres amigos que intentaban sobrevivir a una tormenta, «Il Tornado» se llamaba. Nunca lo terminamos, pero eso sólo sirvió para empujarme más en crear un video que contara una historia. Fue entonces en que conocí a mi buen amigo Fran Mendiola.

Para mí, él era todo un experto en el tema de hacer cine. Su muy poca experiencia y conocimiento, eran admirables para alguien como yo, prácticamente sin conocimiento y experiencia. Nuestras pláticas entre otras cosas, constantemente incluían cine, películas, directores, videos, tutoriales, cámaras, efectos, música, compositores, etc. etc. Nuestra fe crecía siempre que charlabamos. Fue en ese tiempo, en que surgió la idea y el plan de hacer un cortometraje juntos, como amateurs, pero lo mejor planeado y estructurado posible. Aquí nació mi primer y puedo decir, nuestro primer cortometraje llamado, «HIJO».

No teníamos dinero, no teníamos siquiera la cámara, pero sí teníamos la fe y la determinación para verlo terminado. Le pusimos fecha de grabación: semana santa. Lo escribimos, vimos tutoriales en inglés y español sobre cómo hacer un cortometraje, cómo es la fotografía del cine, cómo hacer un cortometraje sin presupuesto y nos pusimos a crear con lo que aprendimos. Creamos un storyboard con monitos de palito y pedimos una cámara prestada. Hicimos unas lámparas con cartón y aluminio y nuestras madres nos prestaron su maquillaje. Nuestros padres fueron gran apoyo en la realización del corto. Su amor siempre estuvo presente.

Llegó la semana y grabamos. Todo el guión se modificó en la práctica. Nos dimos cuenta de lo difícil que es iluminar una escena y manejar correctamente una cámara. La verdad es que aún con todo lo que habíamos visto, casi no sabíamos nada. No obstante, aún así terminamos la producción del corto. Aunque nos llevamos más sorpresas en la post-producción (básicamente la edición del video). Muchas escenas fueron descartadas. No sabíamos cómo ensamblar bien todo lo que habíamos grabado. Nos tardamos meses en terminar aquello. Pero, en ese tiempo aprendimos mucho más y al fin tuvimos el mejor resultado posible.

Así fue mi camino hacia mi primer cortometraje y disfruté cada momento. A la mayoría de la gente le gustó y eso nos impulsó a crear más. Eso hacemos hoy en día, crear más, pues es nuestra pasión y más grande deleite. En cada proceso, seguimos aprendiendo, creciendo y mejorando. Es una sensación irremplazable que seguiremos buscando.

Sin más que decir, espero que esta pequeña historia te impulse a seguir con determinación y fe aquello que arde fuerte en tu corazón. Nada te puede detener si tú no lo permites. ¡Vamos!

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Artem et Veritas Films

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